jueves, 16 de septiembre de 2010

A veces me acuerdo que soy Mexicano.

“El tiempo pasó, más de la cuenta creo yo…” decía una canción de hace varios años (que si no muy mal informado estoy, sacaron un remake hace poco) y justo es ese pensamiento el que me ataca por momentos últimamente. Hoy se cumplen 561 días desde que partí de mi pueblito, petacas al hombro, itacate en mano, con melancolías y arrogancias mezcladas en un embase (y muy al vacío) de ingenuidad. Y evidentemente, no es coincidencia que sea justamente en los días en que se celebra el bicentenario de la independencia de México, que me “llegue la inspiración” para escribir sobre “ay qué lejos estoy del suelo donde he nacido! sniff”.

Es precisamente el estar bombardeado por los medios (incluso en el exterior) acerca de las celebraciones, excesos, fiestas… ver al war-on-crime-President en las noticias, vitoreando a México, a su gente y a los alegados héroes que “dieron Patria a nuestro país” (sic), lo que hace que de cierta manera uno logre sentir un algo –por diminuto que sea el sentimiento- dentro de sí y piense “me cae di a madres… la neta, cómo México no hay dos!”. Y por un segundo, sólo uno, un breve instante, olvida uno la jodida situación del país y trata de embellecer el asunto de despilfarro y celebración con un “bueno, hay que exaltar las virtudes de nuestro país, de nuestra gente… olvidemos por un segundo que nos está cargando la chingada y aceptemos una razón para volver a sonreír y celebrar”. Es irónico (en mí y para mí) y por demás inusual, jugar la carta de la raza de bronce en cualquiera de mis argumentos, línea de pensamiento y actuar diario. Desde mi tierna juventud, se desarrolló en mí una incipiente posición crítica respecto a todo el “establishment” que me rodeaba. Habiendo crecido en el seno (seno!) de una familia híper católica (al grado de fanatismo/estupidez), siendo educado en escuelas de la misma línea y experimentando el contraste de situaciones y vidas al que cualquier clasemedierucho (media-baja) como yo está expuesto en dichos ambientes de “escuelas bien” (sic & sick!), no fue complicado adoptar una visión más que crítica, sino nihilista al respecto de todo lo que se me era impuesto o presentado como verdad. El resultado, por supuesto, nada de qué estar orgulloso. Una persona sin apego familiar, sin creencias más allá que las de su propio ser (I just believe in me… Yoko and me, and that’s reality), sin identidad nacional y que aprovecha cualquier oportunidad para elaborar complicados (no necesariamente inteligentes o válidos) argumentos para desacreditar cualquiera de las “instituciones” o valores antes mencionados. Una especie de profit Y utility maximizer (evite querido lector debatir al respecto, supongamos que le creemos a Scitovsky), un seguidor de la idea del superhombre de Nietzsche, pero región 4.

Bien, pues es justo esta falta de identidad (en la definición “socialmente aceptada”) la que contrasta con esta añoranza que se ha instalado en mi cabeza durante las semanas pasadas. Parece que, de pronto, ante la falta prolongada de cenadurías, pulquerías, merolicos, pitahayas, papalotes, chapulines, tepocatas, cintos pitea’os, chelas, mota, teporochos, fuscas, pedidas de mordida, violencia y degradación… le pueden brotar a uno esas “reti-hartas” ganas de volver, de decir “vamos a dar el grito, digamos “Viva México Cabrones” aquí en esta ciudad a la que no le podría importar menos dónde queda México”. Vamos, he llegado al grado de considerar establecerme definitivamente por allá (uy! Con lo peligroso que es ese país hoy en día!!) y no sólo eso, la prueba del grado de ridiculización que este recién adquirido patriotismo a adquirido, es que incluso he empezado a estudiar (ok, en línea, pero a final de cuentas es estudiar) náhuatl!!! Háganme el chingado favor!!!

Y cuál es la moraleja de toda esta palabrería sin sentido!? Ninguna, eso es lo lindo de esta vida. Nada tiene sentido (o al menos, no lo tiene que tener). Mis ideas están tan desconectadas la primera de la segunda y carecen de orden tal, que como siempre fallé en mi intento de transmitir aquello que me motivó en primer momento a escupir este post… una –con todo y todo- profunda melancolía por estar en casa.

D^2@F^2

Qué sería de esta vida sin las deliciosas contradicciones del ser..?

2 comentarios:

Malua dijo...

hey there. I'm with my handy (some people call it technology) i really heat to write without my keybord. Any way, nice title :-) i indeed understand what u r talking about and believe it or not, one can really tell how much u r missing home (whatever that means( yes it is very well disconnected, but so are you ;-) he he he. When are you leaving? Thanks for posting i enjoy very much reading your personal dissertationes. Mafo

Malua dijo...

hate the automatic prediction... Misspells everything :-(