martes, 9 de marzo de 2010

captación y colocación de sabiduría

Esto lo leí en un post de Rox, vía Recolectivo. Y a pesar de la inicial ofensa que uno podría querer percibir contra el buen Gabo, nada más lejos de la verdad, hay que examinar las palabras detenidamente... a final de cuentas, el que no esté de acuerdo, Que chingue a su madre! (con todo respeto)

"

“Puto el que lee esto.”

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennesse Williams, ni el pelotudo de Góngora.

Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, mariposa. Hacete cargo y si no, jódete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no perteneces seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.

Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. "

Fontanarrosa, Roberto. Cuento: “Palabras Iniciales”. Libro: Usted no me lo va a creer. Página 7.

1 comentario:

Malua dijo...

jajajajajaja... me encanta lo descriptivo del acto de plasmar su inspiracion en la puerta del banio mientras hacia sus necesidades basicas...
Pues hasta donde yo se, el Gabo no es ningun salido de un taller de literatura, es mas, al man no le toco para nada suave... Cuenta la leyenda que cuando queria enviar "cien anios de Soledad" a la editorial, no le alcanzo la platica pa mandar todo el libro y tuvo que ir quitando hoja por hoja hasta llegar al precio de los francos que en aquel momento lo acompaniaban... O sea.