sábado, 9 de enero de 2010

un jour d'hiver

La tormenta de nieve seguía tiñendo de blanco el paisaje, plácidamente. Seguramente de estar afuera a merced de la intemperie, no resultaría tan plácido como al contemplarlo desde la ventana, con una cálida taza de té aromatizado, al ritmo de melodías de jazz y bossa nova y una agradable temperatura envolviendo la habitación.

La tarde se empezaba a perder entre la brisa y el viento, parecía como si una capa de color gris cayera lentamente sobre el horizonte cubriendo las siluetas de edificios y árboles que se mecían parsimoniosamente mientras atrapaban copos de nieve que daban color a sus ramas. Las luces dentro de los pequeños recuadros se encendían una a una de manera aleatoria dentro de las grandes sombras rectangulares que los enmarcaban erguidos sin orden alguno en el paisaje; al fondo, como siempre, la esfera metálica en lo alto de la torre perdía brillo o reflejo alguno y comenzaba a ocultarse tras la llovizna matiz marengo de viento gélido. En la ventana se acumulaban las hojuelas de hielo en todo el borde como creando un marco a tan espectacular visión blanca. De este lado del cristal, la luz tenue le añadía al ambiente una tranquilidad apacible, la quietud y solitud que se respiraba en el acogedor espacio en el que estaba lo sumergían en un letargo agradable. Como siempre, le inspiraba y lo transportaba a otra situación ajena pero similar. Imaginaba justamente esa situación y a las circunstancias que la envolvían: la ciudad histórica que lo contemplaba desde afuera hacia adentro, en un intercambio de papeles sobre la perspectiva; el temporal que agregaba un toque mágico y lo estremecía de manera confortable; la imagen interna con ese arreglo y la disposición de las cosas, la paz y la calma, el contraste cálido con el exterior, las sombras danzantes apenas perceptibles que provocaban las llamas, el toque de delicia al oído propiciado por las suaves notas una a una bien interpretadas como música de fondo, el orden y acomodo que a la vez comprendía la falta del mismo, con las pilas de libros, diarios y papeles, específicamente ubicados en estantes y mesas de noche que parecían no soportar uno más e incluso reclamaban el desdén sufrido por parte del propietario; la botella de vino y la copa a medio terminar (¿o eran dos copas?).

Tal vez era esa reconocida angustia interna lo que obligaba a transformar la misma imagen a una visión bidimensional, a convertise en el espectador y por un segundo olvidar la realidad y mantener esa imagen como la única válida e importante dentro de una gran historia, no antes ni después, sino ese preciso momento como el único posible, disfrutable e incluso envidiable (pero ¿por quien?) y a partir de ahí –sin convertirlo en un después sino en la prórroga del ahora- agregar esos pequeños detalles que lo separarán de la realidad completamente.

-Sehnsucht und Weltschmerz…

-Warum denn? na, los... zum Wohl!!

-Ja, auf uns… Glücklich werden… et après, n’importe quoi

- Oui, on a le monde entière à nos pieds

-Aber, wie ist es das möglich? es ist nicht… es ist nicht.

-Mais si, il faut se battre pour l’y obtener

-Ben ouais… il faut l’y vouloir.

Ahora por la ventana ya no se ve nada más que un mar de luces que corren por las calles y otras que se blanden estáticas en la oscuridad a diferentes alturas. La música sigue arrullando la habitación, las sombras siguen bailando con ese ritmo alegre, la nieve –por supuesto- sigue cayendo y la copa (sí, es una) ahora está vacía…

…no será lo único que continúe vacío, pero ahora sólo se deja llevar por la encantadora imagen que lo rodea en esa plácida tarde de Enero.


D^2


1 comentario:

Malua dijo...

Hey, que bueno que hayas vuelto a escribir... Habra que recuperar el habito mi pequenio y pobre Mexican ;-)