Últimamente he experimentado una vorágine de ideas y pensamientos que me han inclinado a volver a este viejo y siempre patético intento de blog. En la era en la que escribir en 140 caractéres -o menos- es la norma; donde todas nuestras ideas y pensamientos deben ser leído por todos; en donde hay una ansiedad por comentar, por decir "lo que está pasando", lo que sentimos... resulta deliciosamente divertido e irónico el hecho de que, plasmar dichas ideas y expresiones en un blog (bitácora, libro, etc) signifique prácticamente "ocultar" estas ideas, ya que será justamente con el uso extensivo de vocabulario y elaboración dialéctica que pasarán desapercibidas estas palabras.
Mas que no sea engoñosa esta entrada (preámbulo -espero yo-), ya que no es la intención quejarse de esta tendencia. Al contrario, me parece que en la era de twitter y otras redes sociales, se ha encontrado una interacción más honesta -si no siempre constructiva- e informada -con sus desinformaciones también- que en las generaciones previas. Y no pretendo entrar en el debate sobre que tanto bien o mal hace en ciertos aspectos, sobre todo culturales, el enajenamiento de las mismas. Es justamente el conocimiento de que los blogs ya no son leídos, el saber que más de dos líneas escritas aburren al lector, lo que me anima a vovler a estos lugares y plasmar ideas en el dulce anonimato (si no real, al menos psicológico). He alcanzado nuevamente un punto donde -si bien la vida se transcurre de manera impasible- tengo la necesidad de escribir y descargar de manera violenta y audaz una retahíla (desordenada) visceral de lo que acontece y experimento en este mundo que me rodea...
Así que sin más... procedo a contarme cosas a mi mismo sin preocuparme por los titilantes -1 -2 -3 -4 -5 números en negativo que me advierten que no puedo decir más...
2011-2013: Dos años de fascinante historia personal.